Papiloma del pie en el niño

Las verrugas son lesiones epidérmicas benignas y frecuentes. De los más de mil subtipos diferentes de este virus son los del tipo 1, 2, 4, 27 y 29 los causantes de las verrugas vulgares o comunes.

Las verrugas comunes son nódulos bien delimitados, rugosos, redondeados o irregulares, firmes y ligeramente grisáceos, amarillentos, amarronados o negro grisáceos; miden de 2 a 10 mm de diámetro. El papiloma del pie del niño es el nombre más conocido de un tipo de verruga común que es la verruga plantar. Aunque los niños se contagian con mayor frecuencia, en los adultos también pueden aparecer.

El médico muestra un papiloma del pie en un niño

Las verrugas comunes pueden desarrollarse en cualquier parte del pie, pero normalmente aparecen en la parte inferior (planta) de donde recibe su nombre. Estas verrugas plantares se presentan con mayor frecuencia en los niños, adolescentes y ancianos, se cree que por las características inmunológicas de estos grupos de población, combinado quizá con un menor cuidado en las rutinas para la prevención del riesgo de contagio.

¿Qué tipos de papiloma existen?

Entre los papilomas del pie o verrugas plantares se distinguen:

  • La verrugaa solitria: es una sola verruga aislada. Puede crecer y multiplicarse, formando cerca verrugas adicionales.
  • Las verrugas en mosaico: un conjunto de pequeñas verrugas que crecen en un área casi unidas y su erradicación es más compleja que las solitarias.

La forma de contagio suele ser por contacto directo entre las personas, ya que el virus se transmite por autoinoculación y la maceración genera un ambiente propicio para su expansión y desarrollo.

Se ha comprobado que existe cierta predisposición para su contagio, o ciertos organismos más protegidos contra el papiloma ya que hay personas que nunca se infectan, y otras, quizá debido a un sistema inmunológico deprimido o con predisposición, contraen el virus causante de las verrugas con mayor frecuencia.

¿Qué síntomas produce el papiloma del pie?

Las verrugas suelen ser asintomáticas, pero en el caso del papiloma del pie, dado que su zona de presentación soporta el peso del cuerpo y tiene una fricción mayor que otras partes del cuerpo, pueden generar dolor al andar o estar de pie y la sensación de la presencia de un pequeño cuerpo extraño como si se tuviera una pequeña piedra. Algunos pacientes remiten también prurito.

También es habitual observar que el papiloma es un tejido duro y grueso en comparación con el epitelio de su alrededor, con un aspecto similar a los callos.

En ocasiones se pueden ver puntos negros en la superficie de la verruga, que son pequeños capilares obstruidos con sangre seca, que en caso de rotura puede causar sangrado.

En los casos en los que hay rascado o rotura de la verruga pueden aparecer una serie de complicaciones menores como son infección por bacterias, enrojecimiento, aumento de temperatura o exacerbación del dolor.

¿Cuál es el tratamiento más habitual?

Existen dos abordajes habituales para tratar los papilomas del pie:

  • Aplicación tópica de sustancias irritantes para su reducción y desaparición, o su posterior tratamiento de eliminación (ácido salicílico, cantaridina, resina podofílica, etc.).
  • Tratamiento de eliminación (criocirugía, desbridamiento con sustancias causticas, láser con CO2, láser pulsado, electrocauterización, curetaje, extirpación, etc.).

Lo más recomendable en cualquier caso es acudir al especialista médico que pueda definir el tratamiento más adecuado.

 

Pero debido a la fácil propagación del virus es muy recomendable observar una serie de medidas higiénicas en las rutinas diarias para prevenir su aparición. Así es aconsejable mantener una correcta higiene de la piel, usar calzado de protección (que haga de barrera para evitar el contacto directo del pie con las superficies húmedas) en piscinas, duchas y vestuarios de lugares públicos, controlar la humedad y sudoración en los pies para no generar un ambiente propicio para el crecimiento del virus, no compartir calzado ni toallas con otras personas, etc.

Dado que las personas inmunodeprimidas tienen más probabilidad de contraer el virus, también es aconsejable reforzar las defensas en la medida de lo posible.

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